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Acción – Reacción, una de las leyes de Newton

Om101 Acción Reacción Leticia Rey

Vivimos en un mundo hostil y por muchas veces que queramos y nos empeñemos en ello no podemos cambiarlo. Lo único que podemos hacer es intentar ser fieles a nuestros valores, sin fallarnos y siendo honestos con nosotros mismos.

 

En ocasiones tendemos a pensar que podemos cambiar cosas que están a nuestro alrededor, que aportando nuestro granito de arena podremos lograr pequeños cambios en la sociedad, pero sabemos que la realidad no es así.

Lo cierto es que, cuando nos unimos a lo más oscuro de la humanidad, este positivismo tiende a esfumarse y en ese momento es cuando los que creemos que han sido nuestros valores durante mucho tiempo pierden credibilidad, incluso ante nosotros mismos.

Tienes la capacidad absoluta de construir todo aquello que esté al alcance de ti mismo. Eso sí puedes hacerlo. Pero mucha gente no quiere o ni siquiera se detiene a pensarlo. Se deja hundir y abrumar por las masas y pone el foco donde los demás quieren, no donde creen que deben estar.

La realidad es que pasan los años y ahí es cuando te replanteas muchas cuestiones:

¿Por qué perdí tanto tiempo?
¿Por qué no hice esto antes?

Estás totalmente capacitado para hacer todo aquello que te propongas de la A a la Z. Tienes todas las herramientas necesarias. Desde que eras muy pequeño has podido observar infinidad de cosas y eres capaz de saber qué es lo que te conviene y lo que no. Otra cosa es que no lo quieras ver y no te quieras poner “manos a la obra”.

Hay veces que nos surgen conflictos por compartir nuestros valores con la gente que tenemos más cercana. En esas ocasiones nos toca lidiar con ellos y defender nuestras creencias o lo que queremos lograr. Ahí entra nuestra moralidad. Habla mucho de nosotros mismos y sobretodo de la manera de hacerlo.

Causa – Efecto

Los seres humanos estamos en constante crecimiento. La toma de decisiones es la que eleva nuestro conocimiento y nuestro aprendizaje.

A veces, a través de nuestro subconsciente tomamos decisiones innatas, sin darnos cuenta. Pero esas decisiones son las que determinarán nuestro futuro.

Vivir significa elegir. La decisión de no accionar o no tomar decisiones implica inmovilidad y bloqueo.

Cada vez que nosotros proyectamos nuestro futuro en cualquier ámbito de nuestra vida se abre un abanico de posibilidades y de oportunidades.

Tenemos que ser conscientes que las decisiones que tomemos a lo largo de nuestra vida no tienen todas el mismo grado de relevancia y por ende, nuestro grado de energía debe ser proporcional al problema que tenemos.

Igual que no podemos hacer “de un grano una montaña” tampoco podemos saltar una montaña, sin verla y analizarla antes.

El foco que pongamos o el grado de energía, tanto emocional o intelectual, depende exclusivamente del empeño y de la implicación que nosotros queramos tener.

No todas las decisiones son igual de trascendentales para todas la personas. Nuestros focos de atención ante la vida varían en función de los valores que tenga cada uno, las ambiciones, las prioridades y de lo que cada uno define como su “bienestar” o su “grado óptimo de felicidad”.

Ante las decisiones de gran magnitud es habitual que afloren miedos, inseguridades, bloqueos, sentimientos de responsabilidad y emociones que pueden sobrepasarnos.

Pero también hay que tener en cuenta que la recompensa o gratitud siempre será equiparable a la intensidad o a la magnitud del problema que hayamos resuelto.

Por tanto, si el reto es mayor, tu nivel de satisfacción se multiplicará por cien. Si por el contrario, la resolución de otro problema es menor, el resultado final que obtendrás será mucho menos gratificante.

Tú decides cuánto quieres crecer.

Leticia Rey
@mindfulness_lr

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