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guerra y paz en el hogar Borja Vilaseca

Guerra y paz en el hogar, por Borja Vilaseca

No hay relaciones más amorosas y a la vez tan conflictivas como las que se crean en una familia. Tarde o temprano hay que comprender y aceptar a los padres para poder disfrutar de los hijos y de la vida. Aunque el árbol genealógico de la familia X se remonta muchas generaciones atrás, la historia de nuestros protagonistas comenzó en la década de los 50, cuando el señor A y la señora B decidieron prometerse amor eterno, trayendo a la vida al bebé C apenas nueve meses después. A pesar de sus buenas intenciones, los días felices no tardaron en desvanecerse, sobre todo tras los nacimientos de los bebés D, E y F. Como padre de cuatro hijos, el deber de la responsabilidad atormentaba al señor A hasta el punto de obligarle a residir en su despacho. Sin darse cuenta, se había convertido en un adicto al trabajo. Al igual que el resto de empleados del sistema capitalista, cada mañana se uniformaba con americana y corbata de colores grises, a juego con su rutina. Trabajaba …

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Todo lo negativo, de Gloria Fuertes

Todo lo negativo hay que eliminarlo. Aunque sea tu amigo, tu padre, tu madre, tu hijo, o tu amor. (Como se destruye un virus o dos). Porque si se vuelve contra ti no es tu amigo, ni tu padre, ni tu madre, ni tu hijo, ni tu amor. Gloria Fuertes

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El Huevo, de Andy Weir

Ibas camino a tu casa cuando falleciste. Fue un accidente de tránsito. Nada extraordinario, pero sin embargo fatal. Dejaste atrás una esposa y dos hijos. Fue una muerte indolora. Los paramédicos dieron todo de si para salvarte, pero no hubo caso. Tu cuerpo estaba tan destrozado, que hasta fue mejor así, créeme. Y fue entonces que nos encontramos. “¿Qué… qué pasó?” Preguntaste. “¿Dónde estoy?” “Moriste”, respondí con naturalidad. No tenía sentido medir mis palabras. “Había… un camión y estaba derrapando…” “Sip”, dije. “Yo… ¿morí?”. “Sip. Pero no te sientas mal al respecto. Todos mueren”. Miraste alrededor. No había nada. Solo tu y yo. “¿Qué es este lugar?” Preguntaste. ¿Es el más allá? “Más o menos”. “¿Usted es Dios?” “Sí, soy Dios”. “Mis hijos… mi esposa”. Preguntaste. “¿Qué hay con ellos?” “¿Estarán bien?” “Eso me gusta. Acabas de morir y tu principal preocupación es tu familia. Eso es muy bueno”. Me miraste con fascinación. Para ti, no me veía como dios. Sólo me veía como un tipo común. O posiblemente una mujer. Una vaga figura de …