Columnas, Espiritualidad

En camino hacia el descubrimiento personal, de Cristina Correia

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El naranja es el color más calido

Conocí a Lek, un monje de 15 años de la comunidad Big Brother Mouse en Luang Prabang. Una institución sin ánimo de lucro que busca convertir Laos en un país que ame los libros e inspirar a los niños a aprender inglés. Las puertas abren a las 10 de la mañana y todo el mundo es bienvenido para conocer a la gente local y practicar conversación en inglés. Especial, ¿verdad?

Lek vive en el templo budista Aham. Proviene de una pequeña familia en el norte de la provincia de Luang Prabang. En un momento dado le pregunté: “¿no echas de menos a tus padres?, “Ya no recuerdo la cara de mi madre”, respondió. A la edad de 3 años, Lek perdió a su madre y su padre se casó con otra mujer que “no le quiere de la misma manera”.

No tenemos control sobre algunos acontecimientos en nuestras vidas. Pero está en nuestras manos cómo responder a ellos. De hecho, la respuesta es nuestra opción y ese es el momento en el que influimos en nuestro destino. Fue la decisión de Lek trasladarse y vivir en un templo, y desde ese momento, ha seguido una disciplina budista. Cada día la alarma suena a las 4 de la mañana. Es hora de reza y meditar durante al menos 2 horas. “La meditación aporta claridad a la mente. Cuando los pensamientos deambulan por la mente y es difícil concentrarse, respiro profundamente y cuento de nuevo 1, 2, 3”.

Después del razo por la mañana, los 18 monjes que viven en Aham van al pueblo a “recolectar almas”, esto es recoger comida, ofrendas y leche, una práctica común en la comunidad budista.

También conocí a Seng y Vong, dos jóvenes animistas. Cuentan orgullosos su fe en una religión que afirma que todas las criaturas poseen una esencia espiritual. Cuánto respeto y admiración por países en los que conviven múltiples religiones.

Om101 En camino al descubrimiento personal

Destino

El “destino” de Lek es aprender inglés. Recuerda, la respuesta no es el destino, son las opciones que eliges las que creerán tu destino. “Quiero conocer a extranjeros y algún día dejar el templo para vivir en el extranjero”. “¿Dónde te gustaría vivir?, pregunté, esperando que la respuesta inpirara mis propias preguntas. “¡Japón!” y sonrió sacando un libro de su bolsa – Manual de Introducción la Lengua Japonesa.

El tiempo es valioso. El tiempo es lo que hagas con él. Los monjes novicios solo comen dos veces al día: por la mañana y al mediodía. El resto del tiempo, van a la escuela, limpian los espacios comunes del templo y estudian (muy duro). Sentado debajo del gran árbol verde, con su chaleco naranja, la sonrisa de lek es el color más cálido.

La paz y tranquilidad de Lek eran cautivadoras. Se detenía y realizaba alguna pregunta de forma delicada. Me preguntó cómo era Portugal comparado con Laos. Describí mi país en pocas palabras, teniendo la impresión que él no viajaría en el tiempo como lo hago yo para visualizar las playas, la comida, la gente, las calles o los lugares de los que tan orgullosamente hablaba. Aún así, escuchaba mi historia en silencio, atento a todos los detalles.

Me intrigó una libreta negra que reposaba en la mesa. “¿Y esto?”, pregunté. “Esta es la libreta donde escribo historias en inglés sobre mi familia y mis amigos”, me aclaró. Noté pena detrás de sus ojos marrón oscuro.

Ábrete a otros. Te sorprenderás cuánto aprendes de ti mismo.

Yo tenía curiosidad y él se abrió a mi. Abrió la libreta negra y compartió conmigo sus historias. La simplicidad es un regalo. La redacción era pura, pocas palabras son más que suficiente para inyectar significado y sentimiento. Deboré su libreta, qué ser humano tan hermoso.

Leí, sonreí, lloré y desde esta vulnerabilidad, nació la empatía. “¿Cómo puedo ayudarte?, pregunté. “¿Hay algo que pueda hacer para ayudarte?”. Pensaba en darle el último libro que había leído – Sputnik, Mi Amor (Murakami) – pero pensando en su trama, tal vez no era la lectura más apropiada para un adolescente budista !? 🙂

Lek me miró y dijo “escribe algo para mi”.

Dejé mis pensamientos fluir en unas cuantas páginas blanca y me sentí honrada. Escribí sobre amor, propósito y sueños. Ojalá pudiera mulplicar este sentimiento de felicidad infinitas veces a lo largo de mi vida, especialmente en momento en los que me quejo por cosas ridículas. Perspectiva. Es todo lo que importa, ¿no es así?

Los monjes no conducen. Tampoco van en bicicleta. Simplemente caminan, bajo el paraguas cuando el sol brilla. A veces viajan en Tuk Tuk. Se adaptan al entorno y aceptan el viaje.

En aquel momento, Let sacó de su bolsa otro libro. “Normas budistas para turistas”. ¡Oh Dios mío! ¡qué vergüenza! Me di cuenta que había quebrantado algunas normas y me disculpé. Toqué mobiliario mientras caminaba descalza, no se puede. Llevaba una camiseta sin mangas enseñando mis brazos, no se puede. ¡Ups! Le pregunté si podía caminar con él hacia el templo. Respondió que sí, pero que no era educado ser visto en público con “otra” gente o mujeres. (¡no se puede!)

La conversación era demasiado buena para irse. ¿Podemos continuar? ¿Me ensenarás más de tu mundo?

Corrí al hospedaje a coger mi única camisa de mangas largas, y con mis hombros cubiertos corrí a encontrarme con Lek en el templo.

Cuando llegué, sonrió. Le seguí como un coche sigue a otro en la autopista, respetando la distancia de seguridad. “¿Es correcto estar aquí?”, pregunté. “Todo bien”, respondió y nos sentamos bajo un árbol. Cerca otros dos chicos estudiaban. Me presenté y durante las dos siguientes horas no me levanté de la silla.

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La compasión puede ser bastante abrumadora, toma tu tiempo para reflexionar por qué.

Sumergirte en un nueva cultura ofrece la la libertad y el espacio mental para desarrollar tu conocimiento personal. Estar abierto a encuentros con seres humanos con sus diferencias religiosas, puntos de vista políticos o simplemente modos de vida diferentes, puede solo, y seriamente solo, expandir tu mente a otro nivel. Una vez lo haces el único riesgo que no puedes volver a tus “viaejas creencias”. Así que sé valiente, ábrete y acepta el viaje. ¿Qué es lo peor que puede pasar?

Fue un día muy feliz. Me sentí premiada, rejuvenecida y orgullosa. No solo aprendí sobre la vida de un monje novicio budista, también conecté con mis propias reflexiones vitales.

“Debo irme ahora Lek”, dije. “¿Puede volverte a ver?”

En mi cabeza era una despedida. Mi instinto me llevaba a abrazarle como se abraza a un amigo despues de una larga y profunda conversación. Por supuesto, tengo prohibido dar la mano o abrazar, así que simplemente dije “Volveré a verte rezar, tal vez..”

Luang Praban es este bello lugar. El lugar donde conecté profundamente con una maravillosa persona local. Estaba presente. Estaba en el momento, libre de otros deseos. Me llevó un largo tiempo estar “ahí”. Todavía me cuesta de vez en cuando dejar ir ciertas emociones, pero si lo hago, vuelvo en el tiempo y pienso con gratitud mi viaje hacia el descubrimiento personal, un aprendizaje profundo.