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Manifiesto Minimalista

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Las cosas materiales nos atan. Son una carga para la mente. Producen dolor de espalda de llevarlas siempre a cuestas. Nos las roban, se rompen o se quedan obsoletas, y acaban en un vertedero contaminando el mundo.

La publicidad nos cuenta que las cosas nos harán felices, y queremos creer que comprando solucionaremos nuestros problemas. Pocas veces las cosas cumplen lo prometido. Y más allá de comida, ropa y techo, las cosas no son la respuesta a las cuestiones más importantes de nuestra vida. Peor aún, en un mundo tan complicado, el desorden físico solo hace que aumentar nuestro nivel de ansiedad – tenemos demasiadas elecciones: dónde comer, qué trabajo hacer, dónde vivir, qué leer.

Sentimos que podemos pensar con claridad cuando nos deshacemos de todo aquello secundario que nos ahoga. Cuando vivimos en una habitación pequeña, vamos de vacaciones con una sola mochila, o pasamos el fin de semana de retiro en el bosque. Es cuando sentimos nuestras mentes más claras y nuestros cuerpos más sanos. Decidimos mantener estas sensaciones cuando volvemos al día a día de nuestro mundo frenético, pero se esfuman en pocos días.

El minimalismo empieza por creer que todo lo que incorporamos a nuestra vida tiene un coste para nuestra alma. Cada elección que nos permitimos sopesar, se cobra su parte. Cada euro o dólar gastado cuesta el tiempo que lleva ganarlo. Cualquier cosa que hacemos o acumulamos conlleva problemas a compensar.

Nosotros hablamos de minimizar

Cosas: casi siempre sobrestimamos qué feliz nos hará una nueva compra, y subestimamos qué rollo va a ser mantenerla, guardarla o deshacerse de ella. La publicidad nos manipula para que el gap entre expectación y realidad sea lo más grande posible. Centrándonos solo en los mejores productos que realmente funcionan, y reconociendo que el coste es siempre más alto de lo que esperábamos, podemos eliminar muchas compras innecesarias.

Tiempo: podemos desperdiciar casi toda nuestra vida posponiendo lo importante, y dedicándonos a cosas inútiles. ¡Paremos! Centrémonos en lo más importante, organícémonos y no nos despistemos.

Esfuerzo: mejorando nuestras habilidades – si aprendemos a hacer algo bien, necesitaremos menos utensilios y aprenderemos la forma más eficiente de hacerlo, nos requerirá menos esfuerzo y tendremos más energía para dedicar a aquello que importa.

Dinero: minimalismo no es pobreza. Perder horas gestionando cupones no es minimalismo. Una báscula barata no es simple, porque probablemente no nos ayudará a saber cuánto pesamos. Un ordenador barato acarreará horas de problemas. Gastemos en las cosas que queríamos desde hace tiempo, no en compras impulsivas. Ahorremos y no tengamos deudas. Compremos calidad. Pero compremos menos, y gastemos con cabeza.

Impacto medioambiental: no nos caguemos en nuestra propia casa! Puaj!

Enfermedad: cuidarse día a día se traduce en menos visitas al médico en el futuro. Sin salud, no tenemos nada. No nos engañemos con tratamientos mágicos, mantenerse saludable es trabajo duro, pero a menudo requiere más conocimiento y fuerza de voluntad que cosas.

Estrés: el estrés que provoca crecimiento y entusiasmo es bueno, sin estrés, la vida es aburrida. Asegurémosnos de estresarnos con cosas que importan, y tener muy claro que es lo que nos estresa negativamente.

Y finalmente, una vez minimizado todo lo malo, nos gusta relajarnos y tomar una cervecita fresca 😉

Este artículo pertenece a la serie Minimalismo101 – Guía Básica del Minimalismo. Click aquí si quieres saber qué es el minimalismo

(Nota: traducción libre de “minimalist manifest” por theminimalist.net)

Foto de Javardh