Alimentación, Columnas

3+1 razones para ser vegano

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Cuando me trasladé a vivir a Londres hace 5 años me hice vegetariano, y desde hace unos años he decidido seguir una dieta (casi)vegana, es decir excluyendo huevos y lácteos. Llevaba bastante tiempo dándole vueltas a la idea, y un par de libros y documentales que leí en aquel momento me ayudaron a dar el paso: el libro “Finding Ultra” de Rich Roll, y el documental “Cowspiracy”. Llegué a ellos por casualidad, sin ser consciente que eran pro-veganos. Especialmente el libro de Rich Roll, deportista de largas distancias, ya que se trata de una autobiografía que leí con la intención de saber más del autor y de sus gestas deportivas, y fue una sorpresa descubrir durante la lectura que era vegano (¡y muy activista!). Su motivación para ser vegano es esencialmente la salud, mientras que en el documental “Cowspiracy” se presentan argumentos principalmente medioambientales para promover el veganismo como alternativa sostenible. De manera que casualmente llegué a 2 enfoques del veganismo diferentes y complementarios entre ellos.

Leo Babauta explica en su blog Zen Habits que entender bien nuestras motivaciones personales para ser veganos nos ayudará a no decaer o abandonar en momentos de dificultad.

Mis motivaciones son las siguientes:

Salud. Puede que sea mi razón menos influyente, ya que siempre he cuidado mucho mi alimentación. Como cuenta Leo, puedes ser vegano y llevar una dieta horrible (patatas fritas, pollo frito vegano y Coca-Cola, etc.). Sin embargo, desde que soy vegetariano y ahora aún más desde que soy vegano, presto mucha más atención a mi nutrición, asegurándome que tomo todos los nutrientes necesarios y que sigo una dieta equilibrada; también tengo mayor interés en el funcionamiento de nuestro organismo y el rol que desempeñan vitaminas, minerales, proteínas, etc.

Medioambiente. Tal vez la razón que mucha gente siente como más lejana, y menos personal, me gustaría pensar que por falta de información, y no por falta de empatía con el planeta y la humanidad. Si toda la humanidad siguiera una dieta vegana, aumentarían exponencialmente las posibilidades de acabar con el hambre en el mundo, se frenaría el cambio climático, se volvería a balancear el ecosistema marino y reduciríamos la contaminación. Ser vegano es el acto de solidaridad para sus iguales más sencillo y a la vez de mayor impacto que cualquier individuo puede realizar.

Animales. ¿Qué necesidad hay de matar y torturar animales para alimentarse si existen alternativas igual o más saludables y mucho más respetuosas con el medio ambiente? La etiqueta de “orgánico”, moda actual en cualquier tipo de producto que se precie, es completamente engañosa. Y la etiqueta huevos de corral (free-range eggs en inglés) es igualmente poco creíble. Hasta el mayor periódico británico, The Guardian desconfía de ello. Hay que ser bastante iluso para pensar que podemos producir y consumir millones de huevos diarios sin provocar ninguna molestia a las gallinas.

Y existe una última razón que engloba las otras 3 anteriores: el veganismo no es una dieta, es una actitud ante la vida. Así lo explica Carol Pino en su artículo en El País: “Planteamos el veganismo como un estilo de vida en el que todo gira en torno al respeto a todas las personas, sin importar si son humanas o no, si son machos o hembras, qué color de piel tienen, cuál es tamaño, su orientación sexual…”.

Ser vegano es un elemento más del concepto holístico de entender y vivir en el mundo en armonía, sin violencia, disfrutando al máximo de las cosas, pero respetando a los demás y el medio ambiente.

No soy 100% vegano, como tampoco soy minimalista radical, ni budista fanático. Son estilos de vida que me interesan y me aportan mucho, pero que sigo de manera relajada. Puede que otros veganos nunca lo hagan y consideren lo que voy a decir un sacrilegio: no pasa nada por comer carne, pescado, huevos o queso alguna vez que otra. Creo bastante en la regla del 80%. Si todos fuéramos un 80% veganos, minimalistas y budistas, el mundo sería infinitamente mejor. Ese 20% lo dejo para comer esa paella con pescado en la Barceloneta, para acumular postales y láminas de arte, y cuando algunos días me salto la sesión de meditación para ir a tomar un vino al salir del trabajo.

Foto de Margot Pandone