Ciencia, Lo más leído, Mindfulness

Mindfulness y Ciencia

om101_actividad_cerebral

¿Eres científico? Si lo eres, puede que este artículo te parezca demasiado básico o poco profesional. Nosotros no somos científicos, pero nos interesa qué dice la ciencia de ciertos temas. Y pensamos que si nosotros los entendemos, y somos capaz de explicarlos tal y como tienen sentido para nosotros, sin necesidad de recurrir a definiciones o conceptos demasiado complicados o sofisticados, muchos otros lectores lo entenderán, que es al final y al cabo el objetivo de estar escribiendo/leyendo esto, aquí y ahora.

Verás que la siguiente explicación es muy fácil de entender.

El cerebro es un órgano más del cuerpo humano, que igual que el resto, está en continuo cambio a lo largo de nuestra vida. La neuroplasticidad es un nuevo concepto de la ciencia que se refiere a la capacidad del cerebro de cambiar su forma como resultado de la experiencia. Igual que a través del ejercicio físico podemos modificar la forma de nuestro cuerpo, podemos “entrenar” ciertas zonas del cerebro que nos ayuden a vivir con menos estrés y más felices.  

La zona frontal del cerebro, llamada lóbulo central, o también cerebro nuevo, ya que fue la última parte del cerebro en desarrollarse en nuestra evolución, es responsable de los procesos cognitivos más complejos. Como explican en Smiling Mind, el desarrollo correcto de esta parte del cerebro, nos ayuda a gestionar mejor emociones intensas y adaptarnos mejor a situaciones abrumadoras. También nos permite conectar con las emociones de otros, es decir, desarrollar la empatía.

Cuando nos sentimos preocupados, distraídos, o bloqueados intentando conseguir ciertos objetivos, nuestro cerebro está principalmente dominado por nuestro cerebro viejo, donde se encuentra la amígdala, que activa la respuesta de lucha o huida bajo situaciones de estrés o ansiedad, y segrega hormonas y químicos, como cortisol y adrenalina. Es por eso que el estrés tiene tal impacto en nosotros.

Mindfulness es una técnica que nos permite gestionar este proceso más efectivamente, a través de desarrollar habilidades como atención, concentración y la capacidad de dirigir nuestra consciencia (awareness) en una cierta dirección. Esto significa que no nos dejaremos llevar tanto por emociones intensas y el poder de la amígdala. También significa que tenemos más control y decisión en qué sentir y qué pensar.

Y haciendo esto, estamos tomando un rol activo en cambiar la  forma y estructura en la que se desarrolla nuestro cerebro.

Cuando practicamos mindfulness, principalmente a través de la meditación regular, desarrollamos la capacidad de ser más conscientes de lo que pensamos y sentimos, ya que nuestra mente se estabiliza, nuestro sistema nervioso es capaz de asimilar información más precisa y podemos acceder a habilidades como creatividad, flexibilidad y pensamiento lateral que nos permiten gestionar situaciones complicadas con mayor destreza.

Cuando desarrollamos habilidades de mindfulness, seguimos experimentando sentimientos negativos, como frustración, decepción, miedo o irritabilidad, pero la ciencia muestra que nos recuperamos de forma más rápida.

Sabemos ahora a través del estudio del desarrollo del cerebro, que meditar de forma constante y practicar mindfulness reduce el tamaño de la amígdala, reduce los niveles de las hormonas del estrés y fortalece las conexiones con el lóbulo frontal. Esto significa que somos más proclives a vivir con menos estrés y más felicidad.  

Diferentes ramas de la ciencia, como la neurociencia, la medicina y la psicología han mostrado un gran interés por el mindfulness en los últimos años, ya que empiezan a ser bastante concluyentes sus beneficios, legitimándolo de manera racional y lógica. Ya sabemos que el método científico es necesario para que algo se tome en serio en Occidente.

Como indica Jorge Benito en Psyciencia, si bien la investigación científica del mindfulness está aún en sus primeros pasos y todavía queda mucho por descubrir, sobre todo en relación a los cambios cerebrales que suceden en tiempo real, lo cierto es se han comenzado a validar los cambios funcionales y estructurales que el mindfulness genera, o la gran variedad de beneficios que proporciona: reducción de estrés y ansiedad, aumento de empatía y habilidades sociales, reducción de dolor crónico, efectos equiparables a los antidepresivos, mejora de la presión sanguínea, incremento en la densidad de la materia gris, mejora de la recuperación física, regulación emocional, equilibrio del sistema nervios. La lista es enorme; existen más de 5.000 estudios científicos que demuestran los beneficios de la práctica continuada del mindfulness y nuevos avances surgen casi a diario.